En el Centex de Valparaíso se realizó el pasado viernes 24 de julio el conversatorio presencial “Infancias y afrodescendencia”, instancia organizada por el programa Interculturalidad e Inclusión de Migrantes (PIIM), perteneciente al Departamento Ciudadanía Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, en conjunto con el programa Interculturalidad de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).
El objetivo de la actividad fue conmemorar el Día Internacional de la Mujer Afro Latina, Afro Caribeña y de la Diáspora, efeméride que se celebra cada 25 de julio y que invita a promover políticas de equidad, erradicar la violencia racial y asegurar la participación plena de mujeres afrodescendientes en la sociedad.
La jornada tuvo una relevancia especial por desarrollarse en el contexto de los 10 años de existencia del programa Interculturalidad e Inclusión de Migrantes. Durante la apertura, la encargada nacional del programa, Natascha Diharce, recordó los inicios de esta política pública resaltando su evolución al señalar que “este programa partió con una mirada más o menos antropológica del fenómeno de la migración… y lo que nos compete en el presente es hacernos cargo de visibilizar las expresiones culturales de todas las personas que habitan el territorio”. La encargada agregó que “esa es la esencia de este programa, y en ese sentido, puedo decir con mucho orgullo que muchas de esas expresiones culturales y artísticas son promovidas, sostenidas por mujeres, afrodescendientes y migrantes. Por eso, para nosotras es importantísima esta conmemoración”.
Construcción de identidades
El diálogo se enfocó en la necesidad de avanzar hacia una educación antirracista que resguarde las identidades de las niñeces migrantes y afrodescendientes.
Desde una perspectiva técnica y académica, Rut Martínez Reyes, abogada dominicana especialista en cooperación internacional con foco en infancia, participó de manera virtual para explicar cómo se construye la percepción de la diferencia en las etapas del desarrollo. Sobre la importancia de abordar el tema a tiempo, Martínez detalló los periodos en los que se asientan los pensamientos identitarios que perdurarán en la vida adulta: “Desde los 3 años hasta los 12 años, los niños viven en distintas etapas donde tú puedes fortalecer [su identidad] con orgullo, trabajar el valor por la diferencia y fortalecer una identidad positiva, o puedes crear o contribuir a crear inseguridades. De los 5 a los 8 años, se construye el orgullo o la inseguridad…. y de 9 a 12 años las ideas se pueden fortalecer o transformarse. Esto es una etapa crítica porque en estas edades es donde se arraigan los pensamientos que te van a durar para toda la vida. Es súper importante hacer un trabajo en esas edades, o sea, hay una construcción”.
El panel contó además con la presencia de Daniela Alegre Rodríguez, terapeuta ocupacional de la USACH e integrante del Colectivo Sin Fronteras, quien compartió su experiencia acompañando a familias desde un enfoque de derechos humanos y protagonismo comunitario. Señaló que el colectivo surge con el objetivo de generar una sociedad intercultural que cuente con las condiciones tanto legales, culturales y sociales, en que se puedan ejercer los derechos de las personas y de las comunidades migrantes, sobre todo de las infancias. Durante su intervención, Alegre dio a conocer diferentes experiencias artísticas comunitarias subrayando la importancia de visibilizar los sentires y pensares de niños y niñas en el acompañamiento de sus propios procesos de movilidad. “Muchas veces, sobre todo en las infancias, se invisibiliza este dolor, esta pérdida, como soy de allá, pero también soy de acá, ¿cuál es mi identidad?, sobre todo en las niñas que están recién construyendo su propia identidad”.
En el conversatorio también participó María Gabriela Palma, creadora de la plataforma Níspero Beauty, quien aportó una mirada sobre cómo el cuidado del cabello rizado actúa como una herramienta pedagógica de conexión con la identidad afrodiaspórica, junto con valorar la conmemoración ya que, gracias a esta, “podemos tener espacios donde identificarnos, tener experiencias y compartir nuestras vivencias y ver que lo que nos pasa de manera individual, también pasa de manera colectiva. Permitirnos disfrutar y celebrar estos días es eso: visibilizar, crear comunidad y tener un pie para una mirada al futuro”.
La moderación estuvo a cargo de Oriana Estay, activista de la Colectiva Luanda y encargada del Observatorio en Chile de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora. Estay guio la conversación hacia la urgencia de validar los sentires de los más pequeños, reforzando la idea de que son sujetos de derecho que deben habitar el espacio con plena libertad. “Necesitamos hablar de las infancias, generar diálogo con ellas. Siempre los espacios de conversación están situados en los adultos, no en las niñeces. Es importante generar red y generar acompañamiento, sobre todo de las identidades que se están formando y hacerles saber que también tienen derechos”.
La apertura y el cierre de la actividad tuvieron un carácter simbólico y ritual con la presentación del grupo Piño Sabroso, quien a través del Tumbe (danza de fuerte raíz africana) celebró la memoria colectiva y la fuerza de las comunidades afrodescendientes en Chile.
Al cierre y para el día siguiente, también se invitó a participar en la actividad autogestionada por la agrupación A Candela Viva en la Plaza del Descanso en Valparaíso, en la cual estuvo programada la participación de: Brigada Migrante, Puerto Mandingue, Bloca Quinta Región y Génesis Adelina, además de acciones textiles, micrófono abierto, espacios para las niñas y festejo.
Fotografías: @kikafg_